El problema no es la tecnología, sino la ausencia de decisiones
Muchos proyectos digitales fallan no por falta de recursos o competencias, sino porque nadie ha decidido con claridad qué forma parte del sistema, quién tiene la última palabra y dónde termina una responsabilidad y empieza otra. Sin esas decisiones, el proyecto sigue avanzando por estratificación y compromisos silenciosos — acumulando una deuda que no es técnica, sino conceptual.